Crecer y hacerse viejo es una putada, no por el hecho de crecer sino por la gilipollez de que cuando se pasan ciertas edades se supone que ya no puedes correr desnudo por el campus, beberte hasta el agua de los floreros, y pensar en la siguiente partida de Cthulhu comiendo pizza y Lays Campesinas hasta las 6 de la mañana. Yo pensaba que cuando fuera mayor y tuviera mi casa podría hacer lo que me saliera de las pelotas sin rendirle cuentas a nadie, pero parece que el tipo que montó el mundo era un poco hijoputa. Está todo montado para que la vida sea un quemar etapas hasta la parada final, aquella en la que ya no tienes nada más que hacer que servirles de chuletón a los gusanos. Y yo cada vez me doy más cuenta de que no quiero pasar por el aro. 
No estoy dicendo que no deba asumir mis responsabilidades, tener un trabajo y pagarme mis cosas, pero lo que no estoy dispuesto a asumir es que mi vida se convierta en un por y para las obligaciones. No me da la gana ser como toda esa gente abúlica, gris y totalmente convencional que tienen como meta vital trabajar, casarse, tener hijos, trabajar, jubilarse y esperar la muerte, y que mientras tanto lo único que hacen es ver la tele y salir al centro comercial los fines de semana, 15 días de vacaciones en agosto y una semana más a repartir durante el año. Se supone que sólo tenemos una vida, que no hay nada más allá y, si lo hay tiene pinta de ser un poco turbador. Tampoco estoy diciendo que nos lancemos al hedonismo, y que nos peguemos una vida de fietas, sexo y desenfreno. Simplemente me gustaría que todos reflexionemos durante 5 minutos y que pensemos seriamente si llevamos la vida que nos gusta o la que nos ha tocado, y que hagamos lo posible por ser nosotros los que llevemos las riendas de nuestra vida.
Porque en una semana en la que han muerto personajes tan importantes como José Luís Lopez Vázquez, Francisco Ayala y el profesor de Amanece Que No Es Poco; necesitamos encontrar noticias alegres y que nos ayuden a superar las dificultades de la vida. En 2008, a Peter Criss, batería original de los nunca suficientemente respetados Kiss, se le diagnosticó un cáncer de mama (algo bastante raro en un hombre) y a día de hoy ya está felizmente recuperado. Va por tí Peter, el gato más famoso del mundo de la música.
Seguramente, si es usted asiduo de la blogocosa, se habrá dado cuenta de que abunda por ella mucha pedantería, mucha falta de humor y sobretodo gente que se toma tremendamente en serio las paridas y pasatiempos que son los blogs.
Se han creado debates duermeovejas acerca de que si los blogs están muertos, de que si la crítica internetera debe someterse a los mismos principios que la escrita en revistas, si Carlos Boyero es homosexual, si Vigalondo es un constante plagiador, cosas que no interesan más que a cuatro señores que viven permanentemente conectados en un mundo virtual y ficticio, en un second life de textos y de verdades perogrúllicas que sólo sirven para sacarse la pichulina y medírsela a ver quien tiene el órgano de hacer pipí más grandete. Y, sobretodo, se ha perdido el sentido del humor.
Una serie de personajes, que no personas, han decidido dar un paso adelante y tomarse el mundo de la crítica intelectual, la tele, la ciencia, el aspecto sociológico del mundo en el que estamos, y todo lo que se les pase por la cabeza; con cachondeo y eliminando todo discurso sesudo que sólo sirve para catalogar los libros o las peliculillas que ha visto recientemente el plumilla sin aportar nada, ni tan siquiera un chiste de tetas. Eso se acabó. El humor es la verdadera explicación detrás de todo. De hecho toda la filmografía de Ingmar Bergman es un chiste.
Nace Mococrispis. Y lo demás son pamplinas
Viendo Curso del 63 he aprendido muchas cosas. Una de ellas es que no importa el tiempo que pase y lo mal que nos hayan tratado: nuestros años de instituto siempre fueron mejores que los de las generaciones posteriores. No quiero entrar en la valoración del programa. A mí me mola porque pone a pazguatos sin un ápice de inteligencia o dignidad, ante un simulacro de autoridad nimia, lo que hace que se rompan sus esquemas de relativismo moral y libertad entendida coo libertinaje, y es divertidísimo ver como se derrumban ante dramas tan apocalípticos como no tener gomina, vestir de uniforme o no poder maquillarse. Todo el mundo sabe que una tía de 17 años necesita maquillarse urgentemente para disimular todas las arrugas que tiene en su rostro, cuando llegue a los 30 su rostro seguramente tenga más capas de pintura que un óleo de Manet debido a una simple progresión aritmética, más arrugas más potingue.
Como quería deciros el factor nostálgico que cualquier persona mayor de 25 años empieza a padecer ante todo aquello que le recuerda a su infancia idealizada, hace que siempre intentemos vivir bajo los principios reguladores de aquella. Y para todos nosotros, excepto si has sido víctima de bullying o si durante esos años sufriste algún tipo de desgracia personla(y no, no me refiero a ver como esa morenita por la que tanto suspirabas se iba con todos menos contigo), los mejores años de nuestra vida fueron los del Instituto.
Allí fue donde se forjaron nuestras personalidades, donde vimos como nuestros amores no eran correspondidos, donde supimos que leer tebeos de Spiderman era sinónimo de burla por parte de unos tipos que encontraban mucho más divertido e intelectual dar trompos con un Yamaha Jog trucada, donde se crearon amistades que durarán para siempre, donde aparecieron odios irracionales y viscerales hacia alguien sin que hubiera ningún motivo real, donde te fumaste los primeros pitis escondido en el lavabo, donde tocaste pelo por primera vez (no eso no fue ahí, fue después en la Universidad, que mi cole era de hermanos y éramos todos muy respetuosos), donde descubriste que era mucho más divertido pelearte con unos muñecos de plomo o con unos píxeles en un Amiga o una SNES, que darte de hostias en el patio del colegio porque uno te había llamado hijoputa, donde valores como compañerismo y valor grupal prevalecían sobre el individualismo y el egoismo. Y una mierda.
El instituto o el colegio es normalmente una puta selva. Un ensayo de la sociedad capitalista y devoradora en la que estamos, más cercana al Señor de las Moscas que a una microsociedad organizada y respetuosa. Si jugabas a rol, leías tebeos o considerabas que cualquier otro deporte más allá del Hyper Olimpics era digno de protosimios sin civilizar; sabías perfectamente que tu vida social se reducía a dos tipos como tú que te abandonarían al salirle pelos en el pubis y darse cuenta de que da más gustito estar con chicas de verdad que con aquella elfa que llevabas como personaje del D&D y que se habían follado todo el mundo de Greyhawk, incluídos un par de kobolds y un beholder que pasaba por allí que venía de los Reinos Olvidados a hacer turismo. De igual modo si llevabas gafas, pesabas un poco más de la media, tus únicas expectativas de tener contacto con el otro sexo era gracias a las Hustler de tu primo el mayor. Lo mismo pasaba si tus gustos musicales eran un batiburrillo de Heavy Metal, Grunge, Death y Pop New Wave. Cualquiera de estos gustos musicales eran la peste, a no ser que te juntaras con el resto de gente que compratían tus gustos. Y eso, ser Jevi en los 90, justo antes de la gotificación de la cosa que trajo consigo una potorrificación del metal era compartir espacio con tios entachuelados con más peligro que Rob Halford en una fábrica de cremalleras. Y de igual modo si tus gustos eran eclécticos pero alejados del mainstream cuarenta principales y combinabas a Atrophy con Del Amitri, y veías Força Barça, pero luego leías a Tolkien, Margaret Weis o Boris Vian, pues estabas en una indeterminada Tierra de Nadie, siendo el límen entre la tierras de los triunfadores donde la miel y la leche manaban de las rocas y el APA conseguía que sacases notazas sin estudiar, y las tierras baldías y postapocalípticas de gafotas de culo de vaso, bigotones de pelusilla, granazos, chándals con zapatos de hebilla, metalheads con misantropía generalizada, grunges (los emos de mi era) llorando por la muerte de Kurt Cobain y metiéndose con Eddie Vedder por vendido, y delincuentes con navaja.
El problema es que NUNCA superamos la etapa de instituto en nuestras vidas. Muchos, una vez abandonado el colegio intentan en la Universidad o en años posteriores, dar un giro de 180 grados (nunca de 360º que eso es quedarse en el mismo sitio) a sus vidas y ser la persona que no fueron en el sus años de instituto. Así es chocante ver, en muchos casos como el chaval con el que todo el mundo se metía y al que todo el mundo daba de collejas en el recreo, es ahora en la Universidad un tipo popular, rodeado de talentos y que se está picando a la Noruega de Erasmus, a una chica de Tarragona, y a su compañera de piso todas a la vez e incluso en la misma cama. De igual modo el tipo arrogante, chulete y viva la virgen que era admirado por todas las chavalillas del cole, acaba siendo el gay destapado de la facultad de Enfermería, o un tímido irredento incapaz de picotear con las gallinas del nuevo corral, debido a la competencia atroz de los innumerables gallos. En cambio los tipos medios, que destacamos pero que no nos vanagloriamos de ello, ni hacemos ostentación de nuestra inteligencia, nos comportamos de igual modo en la Universidad que en el Insitituto, seguimos siendo aquellos tipos con amigos en todas partes, pero que no somos líderes de ningún grupo, seguimos intentando ligar con la chica mona pero en la que nadie se fija, pero ella aspira siempre al clásico chulopiscinas, seguimos teniendo ideas geniales, pero que por vergüenza o timidez no somos capaces de desarrollar. Por otro lado, da igual que cambiemos nuestro comportamiento y nuestra manera de ser, las conductas y los roles sociales no varían un ápice de los de clase. El jefe ejerce de la figura autoritaria que era el profesor, entre tus compañeros te encuentras al chivato, al ligón, al deportista, al popular, al gris, al tímido, a la tía buena, al feote con el que se mete todo el mundo. En fin, que aunque queramos, jamás podremos huir de aquello que fuimos en el cole.
El estado general reinante últimamente es el de la apatía y el desengaño. Creemos falsamente que nuestra etapa ha pasado y que tenemos que amoldarnos a aquello que la vida ha elegido para nosotros renunciando a lo que hemos elegido como destino vital. Son etapas de crisis que todos en mayor o menor medida sufrimos en algún momento o otro y que a veces vienen bien para pararnos a reflexionar acerca de cuáles son nuestras prioridades en la vida y si estamos dispuestos a ir a por ellas o, si por el contrario, sólo queremos sentarnos y dejar la vida pasar.
Aquí, como supongo que todos sabréis, hemos sido siempre positivos y no nos resignamos a que nos consideren unos losers, aunque de hecho seamos uno de los mayores grupos de losers que cualquiera pueda llegar a conocer. Incluso aquel tipo que dice que conoce a todo el mundo y que una vez vió a un grupo de perderdores mayúsuculo y que acaba de hacer la película definitiva sobre ellos, miente como un bellaco. Pero aún así no perdemos nunca la sonrisa y queremos animar desde aquí a todos aquellos compañeros que no estén pasando por sus mejores momentos, ya sea por desengaños sentimentales, laborales o porque se meten una presión excesiva a la hora de salir a buscar bacalao.
Y como la mejor manera de salir del pozo es ver que hay gente que está mucho peor que tú, qué mejor que recordar a aquellos que fueron grandes y ahora no se sabe exactamente lo que son.
Empecemos:
Andrés Pajares
El tipo que ha protagonizado los mejores momentos de la comedia de los últimos 30 años. Es fácil reirse de él ahora que no está en uso pleno de sus facultades mentales, pero lo que ha supuesto este hombre para el cine y la educación sexual de los españoles no lo ha conseguido ni lo va a conseguir nadie próximamente. Pero es cierto, reconozcámoslo, está muy jodido. Esperpénticas apariciones en programas de TV, que como auténticos hijoputas se dedicaban a burlarse de la memoria de uno de los más grandes actores de nuestro cine, por un puto 0'6 del share, es indigno como colofón a una carrera que ya no se levantará. Actuaciones en teatros a los que no iba ni el tramoyista que abre el telón, en vez de llenazos a rabiar para darle el homenaje que se merece antes de que se retire. Así es España, un país de desagradecidos de mierda. Aunque las últimas apariciones de Pajares son realmente bochornosas y totalmente tragicómicas.
Vean aquí un antes y un después del personaje.
Sting
Claro ejemplo de que dinero y vida cómoda suelen estar reñidas con tener una buena banda de rock. Sus discos con Police van de más a menos a medida que iba engrosando la cuenta bancaria e iba dedicándose al sexo tántrico (correrse para adentro no ha de ser bueno, sino tendríamos el conducto seminal sin salida al exterior, o como mínimo conectado con el culo). Su gira de reunión ha sido algo lamentable y Police han dejado en el recuerdo de sus fans la idea de que ahora son una banda de swing que hace versiones easy-listening de sus propios temas. Su decadencia no es física, ya que para la edad que tiene sigue estando muy bien conservado, pero su voz y su actitud en el escenario hacen que Quique Camoiras tenga mucho más futuro sobre las tablas que el antes grande e hiperactivo Sting.
Vean:
Next To You - 1980
Next To You - 2008
Atención a las subidas de tono al final de cada frase.
Eddie Vedder
El nuevo Bono. No me entiendan mal su música me sigue gustando, pero su personaje siempre me ha parecido cargante e irritante. Curioso porque se trata de mi grupo favorito durante la adolescencia, pero en cuanto cumplio 30 años, abandonó el componente peligro en sus conciertos y en su música y se ha dedicado a adoptar una pose de mesiás izquierdoso a lo familia Bardem en España, en su pais natal. Campañas para salvar a las ballenas, a la movilización del voto, a la liberación del Tíbet, a favor del aborto, en contra de las agencias de contratación y venta de entradas, a la defensa de la polilla eunuca neozelandesa, y discos cada vez más iguales e indistinguibles uno de otro, junto con la pose de hacedme caso chicos, bebo vino, llevo greñas y soy colega de Tim Robbins y Sean Penn, soy un tipo serio que no se divierte nunca porque estoy hiperconciendado con los problemas de la sociedad y del mundo que me rodean, hace que este personaje acabe más gastado y hundido que el mismo Bono, un personaje que ni siquiera los propios fans de U2 aguantan ya.
Pearl Jam - 1992
Pearl Jam - 2006
El Gran Wyoming
Hace unos años era uno de los oradores más mordaces e inteligentes que ha dado el mundo de la televisión. Crítico con todo y con todos y expulsado de su propio programa de Televisión en la 2 por iconoclasta, como recordarán los seguidores de El Peor Programa de la Semana. Hoy en día se limita a leer de mala manera el teleprompter mientras los guionistas de El Intermedio le hacen repetir un discurso trasnochadísmo criticando a los de siempre: la derecha, los curas y la competencia.
EL Gran Wyoming 1993
El Gran Wyoming - 2009
Stay Tuned...
Sí, yo, futbolero de pro, sangrante fan de los míticos programas Futbol Internacional (desde los tiempos que se llamaba Futbol 92), Gol a Gol, Estudio Estadio, y degustador de los partidos de la premier en la 2, de la Bundesliga en RTL y de la Serie A en la Rai Internazionale, vengo a decir que estoy hasta los cojones de la sobredimensión futbolística. Hasta las narices de que un supuesto progre, enriquecéidnose a golpe de decretazo me diga que mi TDT no sirve y que si quiero ver lo que hasta ahora era gratis, me tengo que joder y comprarme otro aparato sólo para que el notas amortice el increíble gasto que sus amigos en el poder le han permitido hacer, usando métodos más propios del tráfico de influencias y el uso de información privilegiada. Hasta los cojones de que los cabrones que hasta ahora nos cobraban 12 euros por un puto partido retransmitido por los dos peores comentaristas de la historia, y que ahora para no perder su tajada del pastel nos den lo que nos daban hasta ahora por 15 euros al mes, sólo porque han visto las orejas al lobo y han perdido su puesto al lado del socialismo gobernante, ya que han llegado nuevos convidados al banquete de las concesiones y las licencias televisivas. 
Desde aquí propongo que nadie compre los receptores de TDT para ver GOLTV y que nadie se abone al canal Liga para que el Robinson le de más la turra. Que se coman sus cacharros con patatas y que si queremos ver fútbol lo veamos de manera gratuita por internet sin hacerles el juego a estos dos mafiosos, que juegan con la ciudadanía para enriquecerse a base de la aborregada sociedad. Fíjense cuales han sido sus métodos. Durante dos años laSexta ha dado más partidos de futbol gratuíto que durante toda la historia de la televisión, para, aparte de conseguir de la manera más fácil y rápida los rates de audiencia necesaria para que el canal se mantenga y sea rentable, una falsa necesidad en el espectador de ver fútbol a todas horas. Un año después quitan todo el futbol y aparece un canal nuevo (curiosamente de uno de los accionistas mayoritarios de laSexta) de pago y que va a ser el único que retransmita los partidos que realmente interesan a la gente. De igual modo, el otro sector, han promovido el fútbol de pago a unos precios demasiado elevados, y ahora ,que ven que van a perder la cuota de mercado que tenían, se lanzan a un abaratamiento de su producto. Usemos el tiempo que no tendremos de fútbol para leer, ver películas de zombies, salir a tomar algo con aquel amigo al que hace tiempo que no veíamos, hablar con nuestra pareja o con nuestros hijos, hacer el amor, jugar al Colonos de Catán con nuestro grupo de amigos y démonos cuenta de una puta vez que un mundo sin fútbol, es a veces, un mundo mucho mejor.










